Gabriel tenía 8 años cuando el cáncer le cambió la cara para siempre.

En marzo de 2015, a este niño de Wichita, Kansas, le diagnosticaron astrocitoma anaplásico, un tumor cerebral agresivo y poco común.


Las cirugías lo dejaron calvo y con una cicatriz enorme, en forma de herradura, sobre la oreja derecha.

Un día le confesó a su padre, Josh Marshall, que se sentía “como un monstruo” cada vez que alguien lo miraba.


Josh no le dio un discurso. Se fue a un estudio de tatuajes, Point Black Tattoo, y le pidió a Merl Kent que le dibujara en la piel de su propia cabeza la misma cicatriz de su hijo, línea por línea.
Le dijo a Gabriel que si la gente quería mirarlo raro, ahora tendrían que mirarlos a los dos. En 2016 esa foto ganó el concurso #BestBaldDad de la St. Baldrick’s Foundation, con más de 5.000 votos.
Hoy Gabriel dice que él y su papá son como gemelos.
