“Para mí, la comida era una droga. Me hartaba a comer hasta que dejaba de pensar”

Por Carlos Valencia
21 September, 2026

Rubén comía hasta perder la conciencia.

No era hambre. Era la única forma que encontraba para dejar de pensar y poder dormir. “Para mí era como un paño de lágrimas”, cuenta. Así, comiendo en silencio y sin freno, llegó a pesar 250 kilos, y la comida se convirtió en la droga que su cuerpo no podía dejar de pedir.

Durante años intentó bajar de peso sin éxito, hasta que entendió algo que le cambió la vida: aquellos kilos podían matarlo. Decidió operarse y le extirparon el 80% del estómago. “Bendito el día que decidí operarme”, repite ahora, cada vez que puede.

Hoy pesa alrededor de 90 kilos. Perdió 137, pero también ganó algo distinto: aprendió a mirar su cuerpo, con la piel que le quedó de sobra, como el mapa de una batalla que sigue ganando cada día. Y decidió contarlo, para que otros que comen para no sentir sepan que también se puede parar a tiempo.

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