Honey-Rae nació con dificultad para respirar.
Mientras estaba en cuidados especiales, su madre, Tanya Phillips, notó algo en su piel: una marca de nacimiento roja que le cubría todo el lado derecho del cuerpo, desde los dedos del pie hasta la espalda baja.

Con el tiempo, esa marca empezó a atraer miradas curiosas y susurros de extraños en la calle.


Tanya y su esposo Adam, una pareja del Reino Unido, decidieron hacer algo que pocos padres imaginarían: tatuarse en su propia pierna una réplica exacta de la marca de su hija.


Tanya lo recibió como regalo por sus 40 años; Adam, como regalo de Navidad. Cada tatuaje costó unos 124 dólares y tomó dos horas y media.

Cuando Honey-Rae, entonces de 18 meses, vio el tatuaje ya cicatrizado en la piel de su mamá, lo tocó con suavidad, señaló su propia pierna y dijo una sola palabra: ‘Match’.

Para sus padres, esa palabra fue la confirmación de que su hija jamás se sentiría sola frente al espejo.
