Tiger Woods, de 50 años, no había vuelto a mostrarse en público desde marzo, cuando un accidente de volcadura en Jupiter Island, Florida, terminó en un arresto por conducir bajo los efectos de alguna sustancia.

Los oficiales que lo detuvieron reportaron signos de deterioro. Se negó a hacerse la prueba de orina, aunque dio negativo en alcoholemia, y en su bolsillo encontraron dos píldoras de hidrocodona, un analgésico opioide narcótico. Se declaró no culpable el 31 de marzo, y días después viajó a un centro de rehabilitación en Suiza, donde permaneció de forma intermitente hasta mediados de junio.

Su reaparición llegó en un video grabado para homenajear a Notah Begay, de 53 años, su amigo de toda la vida, en la ceremonia del Payne Stewart Award. Bastaron unos segundos de imagen para que las redes se dividieran: unos aseguraron que se veía como una sombra de sí mismo, otros lo notaron simplemente sobrio y saludable. La respuesta definitiva sobre este capítulo llegará el 8 de septiembre, cuando enfrente su primera audiencia judicial por el caso de Florida.

