La historia de los Galvin parece, al principio, la de una familia estadounidense numerosa y convencional. Don y Mimi Galvin vivían en Colorado Springs y tuvieron 12 hijos. Pero con el paso de los años, algo extraordinario comenzó a ocurrir dentro de aquella casa.
El primero fue Donald, uno de los hijos mayores. Durante su adolescencia comenzó a presentar comportamientos cada vez más extraños, hasta recibir un diagnóstico de esquizofrenia. Después ocurrió algo que parecía imposible: otros cinco hermanos también fueron diagnosticados con la misma enfermedad.

En total, 6 de los 12 hijos terminaron padeciendo esquizofrenia. Una concentración de casos tan inusual que convirtió a la familia en objeto de interés para investigadores que buscaban entender cuánto influían los genes en el desarrollo de la enfermedad.
Pero la enfermedad no era el único secreto que escondía aquella familia.

Mientras algunos de los hermanos luchaban contra delirios, alucinaciones, paranoia y hospitalizaciones, los otros seis intentaban construir sus propias vidas en medio de un hogar cada vez más caótico.
Con los años también salieron a la luz episodios de violencia y abusos dentro de la familia, haciendo todavía más difícil determinar cuánto de lo ocurrido podía atribuirse a la genética, cuánto al ambiente y cuánto a las experiencias traumáticas que vivieron los hermanos.

La familia terminó participando durante décadas en investigaciones científicas y proporcionando muestras genéticas. Su caso ayudó a los investigadores a estudiar la compleja interacción entre predisposición genética y factores ambientales en la esquizofrenia.
Décadas después, el periodista Robert Kolker reconstruyó la historia en Hidden Valley Road, un libro publicado en 2020 que se convirtió en un éxito y fue finalista del Pulitzer.

Lo más inquietante de la historia de los Galvin es que los 12 niños crecieron bajo el mismo techo, con los mismos padres y en el mismo entorno.
Y, aun así, seis desarrollaron una de las enfermedades mentales más complejas conocidas por la medicina, mientras los otros seis tuvieron que aprender a vivir con las consecuencias.
Una familia que desde afuera parecía perfecta terminó convirtiéndose en uno de los casos familiares más extraordinarios jamás estudiados en relación con la esquizofrenia.
