Amaia Montero tiene 50 años y lleva casi dos décadas lejos del micrófono de La Oreja de Van Gogh. Volvió en 2025 y, en los conciertos del 9 y 10 de octubre en el Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza, las redes no esperaron ni a que terminara el show.
Los videos que circularon mostraban, según los medios, a la cantante perdiendo el aire durante ‘Puedes contar conmigo’.
Algunos usuarios cuestionaron su afinación, otros se fueron directo contra su físico y su vestuario: un vestido combinado con botas amarillas fluorescentes fue de lo más comentado.
Entre los asistentes, hubo quien dijo que los coros tapaban su voz y quien señaló fallas técnicas en el sonido.
No era la primera vez. En mayo, tras el concierto del Bizkaia Arena de Bilbao, ya se habían cuestionado su técnica vocal y los monitores de audio, y a mitad de ese recital habría dicho ‘lo hago fatal’.
Circularon rumores de cancelación, pero la gira siguió y se quitaron cuatro canciones del repertorio oficial para cuidarla.
La segunda noche en Zaragoza, ante más de 8 mil personas, Montero mostró más soltura y una interpretación más solvente. Hay quienes defienden que las críticas ignoran su historia con la salud mental y lo que le costó volver. La pregunta es otra: ¿se le puede exigir a una artista la voz de hace 20 años, o el escenario no perdona el paso del tiempo?
