Joel Kohnert, teniente de Bomberos y Rescate en Broward County, Florida, y su esposa Jennifer tenían siete hijos en casa. Seis de ellos, biológicos, dormían en cuartos amueblados sin restricciones. La séptima, su hija adoptiva de 12 años, dormía en un colchón inflable en una habitación vacía que cerraban con llave desde afuera cada noche.

Durante casi tres años, según la investigación, la niña no tuvo acceso a un baño nocturno. Debía orinar y defecar en el piso, y por la mañana limpiarlo con su propia ropa, vinagre y cloro. Después lavaba esa ropa en un balde afuera y se bañaba en el patio, sin importar el clima. Una máquina de ruido a todo volumen le impedía escuchar al resto de la familia, y la ventana de su cuarto estaba bloqueada: sin salida en caso de emergencia.

Todo salió a la luz en febrero de 2026, cuando la menor se lo contó a un funcionario de su escuela. Kohnert y su esposa fueron arrestados el 31 de marzo. En la audiencia, su abogado los describió como ‘devotos cristianos’. El juez Frank Ledee no lo dejó pasar: los hechos, dijo, hablaban por sí solos.
