John tiene 101 años. Jerry, 100. Y cada viernes por la mañana, sin falta, se sientan en las mismas mesas del fondo de un McDonald’s en Murfreesboro, Tennessee, junto al mismo grupo de amigos que se fue sumando con los años.

Piden siempre lo mismo: Egg McMuffin con salchicha. Nada cambia, ni el menú ni la mesa ni la compañía. La gerente del local, Christina Crisp, los conoce de memoria: “Simplemente los amamos, ellos han estado aquí durante mucho tiempo”.

Pero lo que más sorprende no es el desayuno. Es que John se levanta todos los días a las 4 de la madrugada para hacer 200 flexiones tocándose las puntas de los pies, una rutina que mantiene desde antes de cumplir el siglo de vida. Cuando le preguntan cómo sostuvo 80 años de matrimonio con Jerry, su respuesta es simple: trabajar duro y tratarla bien. A veces la longevidad no tiene fórmulas complicadas.

