Partió a los 7 años pesando apenas 6 kilos: el niño británico que contrajo VIH tras recibir un tratamiento derivado de sangre de una cárcel de Arkansas

Por Ignacio Mardones
30 September, 2026

Durante los años 70 y 80, miles de personas con hemofilia en Reino Unido recibieron Factor VIII, un tratamiento que permitía controlar las hemorragias provocadas por la enfermedad. El problema era que algunos de esos productos habían sido elaborados con plasma procedente de donantes de alto riesgo en Estados Unidos. Entre los lugares de procedencia había prisiones.

Uno de los afectados fue Colin Smith, nacido con hemofilia A en Gales. Recibió por primera vez Factor VIII cuando tenía aproximadamente un año. Sus padres confiaban en los médicos que trataban a su hijo y, según declaró su madre Janet ante la investigación británica, nadie les explicó los riesgos asociados al tratamiento.

Cuando Colin tenía alrededor de dos años, el profesor Arthur Bloom les comunicó que el niño había contraído VIH. Janet recordó ante la investigación que la noticia se la dieron en un pasillo del hospital, delante de otros pacientes y familiares.

La salud de Colin fue deteriorándose progresivamente. Tuvo neumonía en dos ocasiones, sufrió frecuentes infecciones respiratorias y terminó faltando cada vez más al colegio. Sus padres incluso contaron que otros padres amenazaban con retirar a sus hijos de la escuela si Colin asistía sin una enfermera privada.

En 1988 comenzó a recibir AZT, un medicamento que entonces era considerado una posible esperanza para las personas con VIH. Su madre recordó que Bloom se lo presentó como una especie de “wonder drug”, un medicamento que podría salvarle la vida. Pero Colin continuó empeorando.

En paralelo, la familia sufrió el enorme estigma asociado al VIH durante aquellos años. Su caso quedó posteriormente incorporado a la Infected Blood Inquiry, la investigación pública británica creada para esclarecer cómo miles de personas fueron infectadas mediante sangre y productos sanguíneos contaminados. Janet y Colin Smith declararon ante ella en julio de 2019.

Colin murió en enero de 1990, con apenas 7 años. Pesaba solo 13 libras, unos 5,9 kilos, y su cuerpo estaba gravemente afectado por el VIH y la hepatitis C. Décadas después, sus padres todavía conservaban la pequeña manta azul con la que fue envuelto al morir. Su madre la mostró en 2024 y dijo: “It still smells of him” —“Todavía huele a él”—.

La investigación sobre la sangre contaminada examinó posteriormente las decisiones médicas, los productos utilizados y la información que recibieron pacientes y familias. El caso de Colin se convirtió así en uno de los testimonios más dolorosos de un escándalo que afectó a miles de personas en Reino Unido.

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