Fae Platten tenía 4 años y volvía a Londres de unas vacaciones en Tenerife.

Su madre había avisado a la aerolinea Ryanair de su grave alergia a los frutos secos, y la tripulación hizo tres anuncios pidiendo a los pasajeros que no abrieran ninguno. Veinte minutos después del despegue, la niña empezó a rascarse el rostro. Luego se le hinchó la lengua, los labios se le llenaron de ampollas y perdió el conocimiento.

Su familia la salvó con el autoinyector de adrenalina, que la estabilizó antes de aterrizar. A pocas filas de distancia, un pasajero había abierto un paquete de frutos secos.

La aerolínea lo identificó y lo vetó dos años, aunque nunca se confirmó que esos frutos fueran la causa directa. ¿Cuántos avisos hacen falta para que alguien los cumpla?

