Alireza Beiranvand tenía 14 años cuando tomó un autobús a Teherán con unos pocos ahorros en el bolsillo y sin el permiso de su familia. Su padre, un hombre de una familia nómada en la provincia de Lorestán, le había destruido los botines y le había dicho que el fútbol no alimentaría a nadie. Él se fue igual. 🚌

Lo que vino después no fue un cuento de hadas. Durmió en las calles cerca de la plaza Azadi, cosió ropa hasta la medianoche a cambio de un rincón donde descansar, lavó platos en una pizzería a las cinco de la mañana y barrió calles para la municipalidad. Fue precisamente barriendo cuando un familiar lo vio y llamó a su padre: “Tu hijo no se hizo atleta, está limpiando las aceras.” 🧹

Hoy mide 1,95 metros, detiene siete disparos en un mismo partido y los hinchas lo eligen el mejor jugador del encuentro. Beiranvand acaba de protagonizar el empate 0-0 de Irán ante Bélgica en Los Ángeles — y la ovación que recibió fue de esas que no necesitan explicación. 🙌
