Pavel Durov, de 40 años y fundador de Telegram, guardó un secreto durante 15 años: donó esperma en clínicas de al menos 12 países, sin rastrear después a quiénes ayudó a concebir.

Seis de sus hijos nacieron de forma natural con tres parejas distintas. El resto, más de 100, ni siquiera saben todavía que él es su padre.


Todo empezó como un favor a una amiga que no podía quedar embarazada. Durov continuó donando de manera anónima, año tras año, hasta perder la cuenta exacta de cuántos niños había ayudado a traer al mundo.


Hoy su fortuna ronda los 17.000 millones de dólares, según Forbes.
En una entrevista con la revista francesa Le Point, confirmó que ya redactó un testamento: todos sus hijos, sin importar cómo fueron concebidos, tendrán los mismos derechos sobre su herencia. Pero hay una condición que cambia todo el panorama: nadie podrá reclamar un solo dólar hasta el 19 de junio de 2055, treinta años después de firmado el documento.
