El 15 de agosto de 2018, una lancha recorría la bahía de Valparaíso, Chile, con un grupo de turistas a bordo. Era un tour como cualquier otro, cerca del muelle Prat.
Pero entonces algo apareció flotando en el agua.
El guía del tour pensó que se trataba de un lobo marino y el público se animó para verlo, pero al acercarse más se dieron cuenta de que no era un animal.
Se trataba del torso de una persona flotando a la deriva.


Nadie había salido a buscar eso. Sin extremidades. Sin nombre.
Durante cinco días, nadie sabía quién era. La Brigada de Homicidios de la PDI empezó a revisar las denuncias por presunta desgracia de toda la región.
El 20 de agosto, el fiscal José Miguel Subiabre lo confirmó: las pruebas genéticas del Servicio Médico Legal decían que el torso pertenecía a Nibaldo Villegas, profesor de Villa Alemana. Lo habían reportado desaparecido cinco días antes de que apareciera en el mar.
Según la investigación, lo habían drogado, apuñalado y llevado hasta playa Las Docas, en Laguna Verde. Allí fue descuartizado, y parte de los restos terminó en el mar.
Después de una larga investigación, se incriminó como culpables a su exesposa Johanna Hernández y el actual novio de ella de ese entonces.

Si no hubiera sido por ese grupo de turistas que se atrevieron a mirar al mar en medio de sus vacaciones, la historia de Nibaldo nunca se hubiera descubierto.
A veces la verdad sale a flote sola.
