Liam todavía no había nacido cuando los médicos le dieron a su madre la noticia más difícil.
En el examen de las 22 semanas, en Cincinnati, descubrieron que tenía encefalocele: una malformación rara en la que parte del cerebro sobresale fuera del cráneo. Nació en marzo de 2023 y lo llevaron de inmediato a la UCI neonatal, donde necesitó oxígeno para estabilizarse. Con apenas un mes de vida le hicieron su primera cirugía cerebral por una hidrocefalia severa.

En septiembre, con seis meses, pasó 11 horas en quirófano para que le extirparan el encefalocele y le reconstruyeran el cráneo. Estuvo 11 días hospitalizado y no pudo abrir los ojos durante la primera semana. Después llegó el diagnóstico de parálisis cerebral, una condición permanente que afecta la movilidad y la coordinación.

Pero Liam siguió avanzando. Entre terapias ocupacionales, del habla, de alimentación, acuáticas y musicales, aprendió a caminar, a hablar y a comer sin sonda. Hannah, su mamá, de 32 años, celebra cada pequeño logro como una victoria y lo resume así: “Esta vida no es la que imaginé, pero es más hermosa de lo que soñé”.

