Anju Khatiwada tenía un hijo pequeño y un esposo muerto cuando decidió subirse a una cabina de mando por primera vez.

En junio de 2006, Dipak Pokhrel, copiloto de Yeti Airlines, murió junto a otras ocho personas cuando su avión se estrelló transportando arroz y alimentos hacia Jumla, Nepal. Anju no se alejó de la aviación: se entrenó, se certificó como piloto y terminó volando para la misma aerolínea que le había quitado a su marido. Acumuló casi 6.400 horas de vuelo y se convirtió en una de las pocas mujeres piloto de Yeti Airlines.

El 15 de enero de 2023, dieciséis años después de aquel primer accidente, Anju iba como copiloto del vuelo 691 cuando la aeronave cayó en un barranco cerca de Pokhara. Murieron las 72 personas a bordo, en el peor desastre aéreo que ha vivido Nepal en décadas. La misma aerolínea, la misma tragedia repetida, dos veces en la misma familia.

