Dany Marquez tenía dos años cuando una lesión medular le quitó para siempre la posibilidad de caminar.
Creció sabiendo que sus piernas no responderían jamás. Pero nadie le explicó que eso también significaba dejar de moverse por la vida.
En 2016 jugó básquetbol en un equipo para personas con discapacidad. Ahí aprendió algo que después le serviría más que cualquier consejo: la silla de ruedas no es una jaula, es un vehículo.

Así que cuando llegó el momento de ganarse el pan, no buscó excusas. Se subió a su silla, tomó los pedidos por una aplicación y empezó a repartir comida a domicilio por las calles de México.
Un video lo mostró entregando un pedido como cualquier repartidor: con prisa, con esfuerzo, con la mercancía bien sujeta. La diferencia era la silla. Y esa diferencia fue la que hizo que millones de personas en Facebook se detuvieran a mirarlo dos veces.

No pidió lástima. No contó su historia para conmover. Solo trabajó, como trabaja cualquiera que necesita pagar sus cuentas.
Pero al hacerlo, sin proponérselo, le recordó a medio continente que las excusas casi siempre están en la cabeza, no en las piernas.

