A Mark Bertram le faltaban las puntas de dos dedos de la mano izquierda. Se las había llevado el ventilador de un aire acondicionado en un accidente laboral.
Tras dos cirugías y meses de terapia, decidió quitarle dramatismo al asunto con una idea que parecía broma: tatuarse las uñas que ya no tenía. Llegó a un estudio de Hecker, Illinois, y le explicó su petición a Eric Catalano, un tatuador famoso por sus trabajos hiperrealistas. Dicen que en el estudio todos se rieron al principio.

Catalano nunca había tatuado una uña, pero se puso a estudiar los dedos sanos de Mark. Copió la forma, las cutículas, las manchas de calcio e incluso la suciedad que se acumula debajo. Once minutos después, las dos uñas estaban terminadas.

Las fotos se hicieron virales en redes y mucha gente tuvo que mirar dos veces para entender qué estaba viendo. Pero lo mejor vino después: amputados y sobrevivientes de cáncer empezaron a escribirle a Catalano para pedirle algo parecido. Mark lo resumió así: “Es algo que te cambia la vida, pero no te la termina”.
