Ruby acababa de parir a sus seis cachorros en una granja de Geneseo, Nueva York. Apenas una semana después, todavía agotada y con la panza llena de leche, encontró algo que no esperaba: un gatito recién nacido, solo, abandonado, demasiado pequeño para sobrevivir sin ayuda.
No lo dudó. Brittany Callan, dueña de la granja donde Ruby vive junto a su familia, cuenta que la perra simplemente lo acercó a su cuerpo y dejó que se alimentara junto a sus propios hijos. El gatito succionó como si hubiera nacido ahí mismo, entre los cachorros de Doberman, y Ruby lo dejó quedarse.
Los expertos explican que la succión estimula la prolactina y activa la producción de leche, incluso en hembras que no estaban amamantando en ese momento. Pero lo que ninguna ciencia explica del todo es por qué una perra, agotada por su propia camada, decide igual abrir espacio para uno más. Tal vez el instinto maternal simplemente no sabe de especies.
