Jammy llegó a Marin Humane, en California, apenas podía moverse.

Pesaba 8 kilos cuando su cuerpo pequeño debería cargar solo 4,5. Su dueño ya no pudo cuidarlo y lo entregó al refugio, donde el equipo notó dos cosas de inmediato: la sonrisa contagiosa de este perrito de 11 años y lo mucho que le costaba dar cada paso. Días después descubrieron 13 cálculos en su vejiga, que le extirparon de urgencia.

“Es amigable y tranquilo, y se lleva bien con todo el mundo”, contó Julia Lamont, del staff de Marin Humane. Jammy pasó por una casa de acogida y ahora volvió al refugio en busca de un hogar definitivo. Ya bajó a 7,3 kilos y se mueve mucho mejor. Le encanta acurrucarse, mandar en los paseos y jugar con varitas de juguete para gatos, aunque es perro. Solo le falta alguien dispuesto a acompañarlo hasta su peso ideal.

