Cartier estaba tirado boca arriba, rodeado de un charco rojo espeso, con un cuchillo justo al lado.

Sus dueños entraron a la cocina y el corazón se les fue al piso. Por un segundo pensaron lo peor: que algo terrible le había pasado a su corgi. Se acercaron con las manos temblando, listos para encontrar una herida, una emergencia, un desastre real. En lugar de eso, encontraron a un perro completamente feliz, cubierto de pies a cabeza en jarabe rojo, tirado sobre el desastre como si fuera su cama favorita.

La botella de sirope se había volcado sola y Cartier, lejos de asustarse, decidió que ese charco pegajoso merecía una siesta encima. Las fotos de la falsa ‘escena del crimen’ se subieron a Facebook y en cuestión de horas ya tenían más de 10.000 reacciones, casi 6.000 comentarios y 11.000 compartidos. Todo el internet reconoció ese instante exacto en el que el pánico se transforma en risa, y la risa en ganas de abrazar a ese corgi cubierto de dulce hasta las orejas.

