Paquito no entendía de lluvias ni de limpiezas pendientes.
En Sinaloa, México, la familia de Evlyn Castro sacó unas cajas guardadas para secarlas y ordenarlas. Dentro había ropa que nadie había tocado en seis años: la de su tío, dueño original de Paquito antes de morir. En cuanto el Chihuahua sintió ese olor entre las prendas, algo en él se quebró. Se recostó encima, hundió el hocico en una camisa roja y ya no quiso moverse de ahí.


Evlyn grabó el momento sin imaginar que se volvería viral en todo el mundo hispanohablante. No hizo falta explicar nada más: la memoria de un perro guarda lo que el tiempo intenta borrar, y seis años después Paquito seguía esperando encontrar ese olor entre la ropa.
