Angelo no podía ni mantenerse en pie. Este Gran Danés joven vivía en la calle, tan desnutrido que su cuerpo lo empujó a comer piedras con tal de llenar el vacío del hambre. El resultado fue peor de lo que imaginas: las piedras bloquearon su estómago y le impidieron digerir o evacuar con normalidad.
Hanan, voluntaria de la organización Furever Rescue Foster, lo encontró y no pudo mirar hacia otro lado. Desde otro país, Justin y Deborah Finning, una pareja con más de 30 años rescatando Gran Daneses con necesidades especiales, se sumaron a la causa. Juntos organizaron una campaña para pagar su cirugía, fisioterapia, hidroterapia y un plan de nutrición hecho a su medida.
Meses después, Angelo es otro perro. Corre en un patio enorme, va a la playa y convive con otros tres perros en su nuevo hogar. De comer piedras para sobrevivir a tener una familia que lo eligió: a veces la distancia no es obstáculo cuando hay voluntad de salvar una vida.
