Capitán era un perro callejero, mestizo, con algo de ovejero alemán, cuando Miguel Guzmán decidió darle un hogar en Villa Carlos Paz, Córdoba. Nadie imaginó que ese gesto se convertiría en una de las historias de fidelidad más recordadas de Argentina.
Cuando Guzmán murió en marzo de 2006, Capitán desapareció. Su familia lo buscó sin suerte durante meses, hasta que lo encontraron echado sobre la tumba de su dueño en el cementerio municipal. Nadie lo llevó hasta ahí. Nadie le mostró el camino. Y sin embargo, desde ese día, se quedó a vivir entre las tumbas.
Todas las tardes, puntual a las seis, Capitán se recostaba junto a la lápida de Miguel. Lo hizo durante casi 11 años, incluso cuando la vista y las fuerzas empezaron a fallarle. Su historia llegó a Francia, a Latinoamérica, a cada rincón donde alguien necesitara creer que el amor de un perro no conoce fecha de vencimiento. La Fundación Protectora de Animales de la ciudad se encargó de cuidarlo en sus últimos años, mientras él seguía cumpliendo su cita diaria.
En febrero de 2018, Capitán murió a los 16 años. Se fue después de haber esperado durante casi 11 años a su dueño, sin dejar nunca de volver a aquella tumba que había convertido en su hogar. 😭❤️🩹
