Cortez estaba sola en el estacionamiento, temblando entre los autos.

La maestra Donna Rivera la vio primero y le tomó una foto para mostrársela a la directora Lynn Soriano, en la Escuela Primaria Manuel J. Cortez, en Las Vegas. El plan era simple: cuidarla solo el fin de semana. Pero la dulzura de esa perra desarmó cualquier plan.

Hoy Cortez va a la escuela todos los días. Tiene su propia insignia, aparece en el anuario y hasta firma con la huella de su pata. Participa de eventos comunitarios, se disfraza para las fechas especiales y se volvió, sin que nadie lo decidiera oficialmente, la mascota que todos en el Distrito Escolar del Condado de Clark reconocen como propia.

