

Erasto Crisanto Valdéz tenía 31 años cuando desapareció pescando junto a su padre.
Fue el 23 de julio de 2026, en un cenote de la selva de Los Chimalapas, entre Veracruz y Oaxaca. Cuando se le agotó el oxígeno a 65 metros de profundidad, no logró subir a la superficie. En vez de rendirse, se desplazó por el sistema de cuevas inundadas hasta encontrar una cavidad con aire, una especie de bolsa de oxígeno atrapada bajo la roca, y ahí se quedó, en frío, humedad y oscuridad total, durante 15 días.


El equipo internacional que lo buscaba —mexicanos, alemanes, estadounidenses y dominicanos— ya no esperaba encontrarlo con vida. El explorador Carlos Jiménez lo definió con una sola palabra: milagro. Erasto salió deshidratado y desnutrido, pero caminando, y lo subieron a una ambulancia que lo llevó al hospital.
En total oscuridad y sin alimento, un pescador sobrevivió 15 días atrapado en un cenote de #Oaxaca a 100 metros de profundidad. Gracias a un intenso operativo de búsqueda fue localizado. Él mismo narró su historia: @MendivilCrystal#NoticiasConNachoLozano#NoticiasImagen pic.twitter.com/Cz1QyzCPoT
— Imagen Televisión (@ImagenTVMex) August 12, 2026
