Si hoy le preguntas a historiadores del fútbol, exárbitros, jugadores o periodistas quién es el mejor árbitro de la historia, Pierluigi Collina será probablemente la respuesta más frecuente. Eso dice mucho: hay un consenso.

Su autoridad era extraordinaria, era estricto y riguroso en su oficio. Lo que mandaba Pierluigi se cumplía. Nadie se atrevía a discutirle.

Y es que Pierluigi Collina imponía respeto sin necesidad de gesticular demasiado, en parte con ayuda de su tremenda presencia física: completamente calvo, cejas muy marcadas y una mirada intensa.

Recordemos sus hitos. Entre 1998 y 2003 fue elegido seis años consecutivos (¡seis!) como el mejor árbitro del mundo por la IFFHS, un récord que nadie ha igualado.
Además, la misma organización lo ubicó como el mejor árbitro de la historia en su clasificación histórica.

Y ahora su currículum vitae. Entre sus logros se anotan: la final de la Liga de Campeones de 1999 entre Manchester United y Bayern Múnich, la final del Mundial de 2002 entre Brasil y Alemania; finales de Copa UEFA, Serie A y numerosos clásicos internacionales.

En tiempos como los que corren, donde todo es VAR y la “magia” del deporte parece, a veces, desaparecer, figuras como las de Pierluigi parecen aún más valiosas, más imprescindibles.

Una leyenda.
