En un estacionamiento de Ho Chi Minh, Vietnam, la policía encontró 45 jaulas repletas de gatos vivos. Al lado, cuatro cajas con 80 cadáveres conservados en hielo. Nueve personas cayeron detenidas y confesaron algo que llevaban tres años haciendo: tender trampas para robar gatos, muchos arrancados de las manos de sus propios dueños.

La carne se vendía a unos 2,80 dólares el kilo, con entregas al menos dos veces por semana. Phuong Pham, de la ONG Humane World for Animals Vietnam, lo resume con una cifra que cuesta digerir: en el país se sacrifican miles de gatos cada mes para terminar en un matadero o en un plato.

De los casi 400 rescatados, apenas 40 volvieron con sus familias. Unos 260 siguen bajo custodia, entre ellos crías nacidas después del operativo y hembras que parieron en la propia comisaría. Varios no lo lograron: llegaron tan desnutridos y deshidratados que no sobrevivieron. El Zoológico de Saigón publica sus fotos a diario, con la esperanza de que alguien más los reconozca a tiempo.

