La pequeña marca redonda que muchas personas tienen en la parte superior del brazo es la cicatriz que deja la vacuna BCG, aplicada principalmente al nacer para proteger contra las formas más graves de la tuberculosis.

Después de recibir la vacuna, suele aparecer un pequeño bulto que con el tiempo puede convertirse en una ampolla o herida superficial. Al sanar, deja una cicatriz permanente, que es una señal normal de que el cuerpo reaccionó a la vacuna y desarrolló defensas contra la enfermedad.

Aunque no todas las personas conservan una marca visible, es muy común en países donde la BCG forma parte del calendario de vacunación infantil.

