Tijjani Reijnders estaba en uno de los mejores momentos de su carrera en el Manchester City. Tenía nivel, continuidad y un lugar en uno de los mejores equipos de Europa.

Aun así decidió irse a Arabia Saudita. La razón la dio él mismo, sin rodeos: “No voy a mentir, al firmar este contrato, puedo asegurarme de que incluso mis nietos estén financieramente seguros”.
“Entonces, ¿por qué no lo haría?”. Una frase que resume una generación de futbolistas que ya no juegan solo por prestigio.

La cifra ayuda a entenderlo: 350.000 dólares a la semana. Multiplícalo por un año y la decisión deja de sonar extraña.
Reijnders no habló de títulos ni de nostalgia por el fútbol europeo, habló de futuro, de familia y de una seguridad que pocos contratos en el mundo pueden ofrecer.
