Luis Suárez había hecho algo casi imposible: cuatro goles en un mismo partido contra el Norwich City, en plena etapa dorada con el Liverpool. Llegó a casa esperando el aplauso, el abrazo, el “eres el mejor” de siempre. Sofía Balbi no dijo nada. ⚽

Al día siguiente le explicó por qué. No lo había felicitado porque ahí, entre las paredes de su casa, él no era el delantero uruguayo ni el máximo goleador histórico de su selección. Era su esposo. Era el papá de su hija. Y ese título no se gana con goles.

Suárez lo contó él mismo, entre risas: en su casa no es “el goleador”, es “el Salto que lava los platos”. Y remató con una frase que resume todo su matrimonio: puede anotar 600 goles en la carrera, que si deja la ropa tirada en el piso, igual se gana el regaño. 🧡
