Mariska Hargitay perdió a su madre siendo muy pequeña.

Jayne Mansfield, ícono del cine de los años 50, murió cuando Hargitay apenas empezaba a construir sus propios recuerdos. Por eso, cuando la actriz de 62 años llegó a los Emmy 2026 junto a su hija Amaya, de 15 años, ambas con vestidos idénticos de lentejuelas rojas y plumas inspirados en el look que Mansfield lució en “The Girl Can’t Help It”, no era solo un capricho de moda. Era una forma de decir: sigues aquí, en nosotras.

Amaya llegó a la familia de Hargitay y su esposo Peter Hermann en 2011, en un parto donde ambos estuvieron presentes desde el primer minuto. “Básicamente saqué a Amaya del vientre”, contó alguna vez Hargitay, recordando cómo abrazó a la madre biológica de la niña como si fueran una sola familia. Ese mismo espíritu, el de construir lazos más allá de la sangre, es el que llevó a la alfombra roja: tres generaciones de mujeres, unidas por un vestido rojo y una historia que se niega a desaparecer.

