Shamika Burrage perdió la oreja izquierda en una carretera de Odessa, Texas.
En 2016 conducía de regreso a Fort Bliss tras visitar a su familia en Mississippi cuando un neumático explotó. El auto se deslizó unos 210 metros, volcó varias veces y ella salió despedida. Su primo, que iba de copiloto, apenas sufrió heridas leves. Ella quedó con lesiones en la cabeza, fracturas en la columna y sin oreja. Los médicos le dijeron después que, con 30 minutos más sin atención, habría muerto desangrada.

Dos años más tarde, cirujanos del centro médico de la Armada William Beaumont, en El Paso, le propusieron algo que la dejó sin palabras. Extrajeron cartílago de una de sus costillas, tallaron con él una oreja nueva y la hicieron crecer bajo la piel de su antebrazo. Ahí desarrolló sus propios vasos sanguíneos. Después la trasplantaron a su cabeza. Será una oreja con arterias, venas e incluso nervios, y según los médicos podrá sentirla. Su caso fue la primera vez en la que esta técnica se aplicaba en la Armada.

