Egipto ganaba 2-0 y sentía el pase a cuartos en la mano. Hossam Hassan, su DT de 59 años, miraba el reloj con la victoria casi servida en Atlanta.

Entonces todo se derrumbó. Cristian Romero, Messi y Enzo Fernández anotaron en los minutos finales para sellar un 3-2 que Argentina remontó con el corazón. Messi había fallado un penal ante Mostafa Shoubir, pero terminó festejando igual.

Hassan no lo toleró. Acusó al árbitro François Letexier de favorecer a Argentina “por marketing” para que Messi siga en el torneo, y hasta recibió amarilla por un gesto de brazos cruzados que la FIFA reserva para denuncias de racismo. Su jugador Mostafa Ziko fue más lejos: dijo que el Mundial “está amañado”. Argentina, mientras tanto, ya piensa en cuartos de final el 11 de julio en Kansas City. ¿Furia justificada o excusa de mal perdedor?
