Cuando Colin Farrell supo que su hijo James tenía síndrome de Angelman, su vida comenzó a girar alrededor de cosas que antes probablemente parecían pequeñas. James enfrentó importantes dificultades en su desarrollo, habla, movimiento y equilibrio, así que cada avance se convirtió en una celebración. Cuando finalmente dio sus primeros pasos a los cuatro años, Colin terminó llorando de emoción.

Pero con los años apareció otra preocupación. Al acercarse James a la adultez, Colin comenzó a preguntarse qué ocurriría cuando muchas de las ayudas disponibles durante la infancia dejaran de estar ahí. No quiso quedarse solamente con ese miedo: creó la Colin Farrell Foundation para apoyar y defender a adultos con discapacidad intelectual y a sus familias.
Quizás por eso su historia emociona tanto. El hombre que durante años fue conocido por sus excesos terminó encontrando una causa mucho más grande que su propia fama. James no necesitaba que su padre fuera una estrella de Hollywood. Necesitaba que estuviera ahí. Y Colin decidió estar, pero también luchar para que otros hijos como el suyo no quedaran solos.
