Zhineng tenía 2 años cuando le diagnosticaron autismo. Su madre lloró durante tres días.
“Nadie sabía cómo manejarlo, pero había que afrontarlo”, cuenta su padre, Huang Shaoli. Durante años lo llevaron a un centro de rehabilitación para niños especiales. Y un día llegó la frase que nunca olvidará: “Papá, abrázame”. Él se quedó inmóvil, con los ojos húmedos, y lo abrazó con todas sus fuerzas.

En 2016 Huang Shaoli se registró como repartidor a tiempo parcial en Shenzhen y desde entonces no sale sin su hijo. Salir, hablar con los clientes, enfrentar lo impredecible. Para él, cada pedido es entrenamiento. A los 16 años, Zhineng suma casi 3.000 entregas con sus padres.

Sus rutas favoritas son los autobuses que empiezan con K o M, porque son rápidos y van por autopista, y las líneas 10 y 14 del metro. Le gusta escuchar el viento y mirar el paisaje. Su padre asegura que guarda en la cabeza un mapa del transporte público y que casi nunca se equivoca de camino. Y que los clientes casi nunca notan que es diferente.
El padre solo pide una cosa: que pueda vivir de forma independiente. “No puedo acompañarlo siempre.”

