“No podía más.” Eso fue lo que los médicos entendieron cuando las últimas pruebas confirmaron que el daño en los riñones de Quino ya no tenía vuelta atrás.
Quino era un labrador dorado, uno de los perros de rescate de la ONG española IAE, condecorado por su trabajo tras los terremotos que sacudió a Turquía y que también lo llevó a trabajar en misiones internacionales de emergencia. Volvió de esas jornadas con una extraña enfermedad que le fue apagando los riñones poco a poco. Su guía, Pancho, no se apartó de su lado ni un solo día: durmió cerca de él, gestionó cada tratamiento, sostuvo cada intento de mejoría.


Quino resistió hasta donde su cuerpo le permitió. Miles de personas siguieron su caso y donaron para cubrir los gastos veterinarios, y esa misma comunidad alcanzó a cerrar la deuda antes de despedirlo. Hoy toda la familia de IAE acompaña a Pancho, y el país entero le agradece a un perro que dio todo por encontrar a quienes nadie más podía hallar.


