Lyn May fue una de las grandes figuras del espectáculo mexicano durante los años 70, admirada por su belleza y su talento como actriz y bailarina. Sin embargo, un procedimiento estético terminó cambiando su rostro para siempre.
Según relató, cuando tenía alrededor de 30 años, dos mujeres le ofrecieron mejorar sus pómulos con unas inyecciones que supuestamente contenían colágeno. Confiando en ellas, aceptó.
Pero lo que recibió fue algo muy diferente.

“Me inyectaron aceite de cocinar”, confesó décadas después. Incluso recordó que las mujeres utilizaban un biberón para llenar las jeringas.
Al principio parecía que todo estaba bien, pero aproximadamente un año después comenzaron a aparecer bultos duros y dolorosos que deformaron sus facciones.
La transformación la afectó profundamente. “No me quiero ver más en un espejo”, recordó haber pensado durante una etapa en la que incluso consideró quitarse la vida.

Lyn pasó años buscando médicos que pudieran retirar las sustancias de su rostro, aunque cada intervención podía dejar nuevas cicatrices.
A pesar de todo, continuó su carrera y encontró fuerzas para seguir adelante gracias al apoyo de su madre.
“Lo más natural es lo más bonito”, es el consejo que ahora comparte con las jóvenes.
