Amar Bharati tenía una vida como cualquiera. 🏦

Trabajaba en un banco de Nueva Delhi, estaba casado y era padre de tres hijos. En 1970 decidió dejarlo todo para dedicarse por completo a la espiritualidad, y en 1973 hizo algo que cambiaría su cuerpo para siempre: levantó el brazo derecho como acto de devoción a Shiva y símbolo de paz mundial, y prometió no volver a bajarlo.

Los primeros dos años fueron pura agonía. Ni de noche podía descansar del dolor. Pero su cuerpo terminó adaptándose de la forma más extrema posible: el brazo perdió sensibilidad, los músculos se atrofiaron y las articulaciones quedaron rígidas para siempre.

Hoy, más de cinco décadas después, sigue ahí, con el brazo apuntando al cielo. Para algunos es la prueba máxima de fe. Para otros, un misterio difícil de comprender. Su historia ya inspiró a otros ascetas a repetir el mismo sacrificio.

