
Sirius tenía trabajo fijo: olfatear explosivos en el sótano de la Torre Sur del World Trade Center.
El 11 de septiembre de 2001, su compañero, el oficial David Lim, lo encerró en su jaula para ir a ayudar en la evacuación. Le prometió que volvería. Nunca pudo cumplirlo: la torre colapsó con Sirius adentro, mientras Lim escapaba por una escalera y quedaba atrapado en los escombros de al lado.

Sus restos se hallaron recién en enero de 2002, y fueron retirados con honores policiales completos, como a cualquier oficial caído. Meses después, en abril, más de 100 perros K-9 y sus guías lo despidieron en Liberty State Park con gaitas y una salva de 21 cañonazos. Hoy una placa en el Museo del 11 de Septiembre lleva su nombre, junto a la correa y la placa que Lim decidió donar para que nadie olvidara a su compañero de cuatro patas.

