Peter Murphy vio una araña en su cama y no la mató. La levantó con cuidado y la sacó de la habitación, en Mansfield, Reino Unido. Al día siguiente su muñeca derecha estaba hinchada y roja. Días después ya no podía hablar con normalidad.

Lo que siguió fue una pesadilla clínica: fascitis necrotizante, una infección que destruye el tejido a toda velocidad, además de celulitis severa y sepsis. Los médicos le advirtieron a su esposa Toni, de 62 años, que quizás tendrían que amputarle el brazo. Antes de entrar a cirugía, le preguntaron si quería ser resucitado en caso de que su corazón se detuviera. Dijo que sí.

Peter pasó cuatro días en coma y fue operado en cuatro ocasiones distintas. Mientras estaba internado, se enteró de que su hermana había ingresado en el piso justo arriba del suyo, poco después de la muerte de su hermano. Describe a la araña que lo mordió como de cuerpo esquelético, casi transparente, con ojos rojos. Sobrevivió, y usó esa cercanía con la muerte para transformar su cuerpo: perdió cerca de 44 kilos.

