Grigori Perelman tenía la respuesta que el mundo matemático buscó durante casi un siglo.

En 1904 el francés Henri Poincaré planteó un enigma sobre la forma del universo que ningún experto logró resolver. Perelman lo descifró en 2002 y publicó la prueba en internet, sin pedir nada a cambio. Se apoyó en el trabajo previo de Richard Hamilton, y ese detalle terminaría siendo clave en su decisión.

En 2006, en Madrid, le ofrecieron la Medalla Fields, el reconocimiento más importante para un matemático. No fue a recibirla. En 2010 el Clay Mathematics Institute le puso en la mano un cheque de un millón de dólares. Tampoco lo aceptó. Dijo que no quería ser exhibido como un animal de zoológico. Hoy vive en un pequeño departamento en San Petersburgo, junto a su madre y su hermana, lejos de universidades y cámaras.

