En el fútbol, algunas amistades nacen dentro de la cancha, pero las verdaderas se conocen cuando el partido termina. Roberto Baggio y Stefano Borgonovo fueron compañeros en la Fiorentina y construyeron una relación que permaneció intacta incluso cuando la vida los enfrentó a una enfermedad devastadora.

Borgonovo fue un destacado delantero italiano que jugó también en equipos como el Milan. En 2008, cuando tenía 44 años, fue diagnosticado con esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad neurodegenerativa que provoca la pérdida progresiva de la movilidad y de las funciones musculares. Con el tiempo, terminó utilizando una silla de ruedas y necesitó asistencia para realizar actividades cotidianas.
Baggio, lejos de alejarse, estuvo presente. En una de las imágenes más recordadas, aparece empujando la silla de su antiguo compañero, un gesto sencillo que terminó representando una amistad enorme.

“Como amigo y excompañero, esto es lo mínimo que puedo hacer por un hermano, nadie sabe lo que pasará mañana”, dijo Baggio. Y agregó una reflexión que todavía conmueve:
“Ayer Stefano Borgonovo jugaba al fútbol y hoy está en una silla de ruedas. Yo aún tengo fuerza y puedo empujarlo, pero mañana quizá necesite que alguien me empuje a mí. La vida es impredecible, por eso debemos ser amables con los demás”.
Borgonovo también transformó su experiencia en una causa: junto a su familia creó una fundación para apoyar la investigación y ayudar a personas que viven con ELA.

Lamentablemente, Stefano Borgonovo murió el 27 de junio de 2013, a los 49 años, después de años de luchar contra la enfermedad.
Su historia dejó una enseñanza que va mucho más allá del deporte: la amistad no consiste solamente en celebrar juntos las victorias, sino también en estar presentes cuando el otro ya no puede avanzar por sí mismo.
