Robin Williams nunca hablaba de esto en las entrevistas. Lo hacía en silencio, cláusula por cláusula, cada vez que firmaba un contrato para una película o un evento.

Brian Lord, un experto en conferencias, quiso contratarlo alguna vez y se llevó una sorpresa: el actor pedía que la empresa contratara también a un número determinado de personas sin hogar. No como caridad de photo op, sino como trabajo real en el set. Su biógrafa Emily Herbert lo confirmó, y su propia hija, Zelda Williams, lo contó después en el Comic Relief Live: su padre “contrataba a personas sin hogar y les daba trabajo activamente” en cada proyecto, sobre todo cuando salía de gira.

En El rey pescador conoció a Craig Castaldo, un hombre sin techo con quien terminó forjando una amistad real. Se estima que, gracias a esta práctica silenciosa, Williams le dio empleo a unas 1.520 personas que lo necesitaban. No hacía falta que nadie lo supiera para que valiera la pena.

