Rocky Abalsamo llegaba cada mañana al cementerio, desplegaba su silla junto a la tumba de su esposa y no se iba hasta que cerraban: lo hizo durante años, tras perderla luego de 55 años de matrimonio

Por Valeria Urra
8 October, 2026

Rocky Abalsamo ya tenía 84 años cuando el Boston Globe lo encontró en el cementerio St. Joseph, en West Roxbury, Massachusetts.

Llegaba cada mañana caminando desde su apartamento en Jamaica Plain. Desplegaba una silla, sacaba las fotos de su esposa Julia y se quedaba allí hasta que cerraban las puertas. Con calor, con lluvia, con frío. Según contó el medio, comía y bebía muy poco durante esas horas para no tener que irse.

Julia había muerto en 1993 por complicaciones tras una cirugía cardíaca, después de 55 años juntos. Se conocieron de adolescentes en un café de Buenos Aires: él, de espaldas, la escuchó hablar con sus amigas del alma, de la vida, de la bondad, y decidió que tenía que conocerla. Se dieron su primer beso el 16 de septiembre de 1937. Rocky celebraba esa fecha cada año.

Antes de volver a casa, esparcía migas sobre la tumba para que las ardillas le hicieran compañía durante la noche. Y llevaba siempre una foto de ella con una nota escrita en el reverso: “Hoy el cielo me sonríe… con todo mi amor, Julita”.

“Ella es parte de mí, así que aquí estoy completo”, le dijo al reportero en 2000.

Tras difundirse su historia, desconocidos empezaron a dejar mantas y decoraciones junto a la tumba. Mantuvo las visitas diarias hasta 2005 y siguió yendo con regularidad. Rocky murió el 22 de enero de 2014, a los 97 años. Pidió el lado izquierdo de la parcela porque era “su lado” y lo enterraron junto a su querida Julia.

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