Rodney Fox tenía 23 años y competía por defender su título en el Campeonato de Pesca Submarina de Australia del Sur cuando algo lo golpeó desde abajo.

Un tiburón blanco de casi 5 metros lo atacó frente a la costa de Aldinga Beach, el 8 de diciembre de 1963. Le rompió cada costilla del lado izquierdo, le perforó el diafragma, le colapsó un pulmón y dejó expuestos su bazo y su arteria principal. Sobrevivió por pura casualidad: los dientes del animal quedaron enganchados en el flotador de pesca atado a su cinturón, y eso le dio el segundo exacto para liberarse antes de ahogarse. Un bote cercano lo sacó del agua. Le hicieron 462 puntos para cerrar las heridas.

Cualquiera hubiera abandonado el mar para siempre. Rodney no. Volvió a bucear, inventó la primera jaula de observación submarina de tiburones del mundo y se convirtió en una de las mayores autoridades en tiburones blancos, dedicando décadas de su vida a estudiarlos y protegerlos.

