Romelu Lukaku, nacido en Amberes en 1993, recuerda semanas enteras sin electricidad en su casa y noches en las que su madre estiraba la leche mezclándola con agua para que alcanzara hasta el próximo pago. A veces tenían que pedir pan prestado en la panadería del barrio. Su padre, exfutbolista, ya no tenía nada guardado.

En medio de esa escasez, Lukaku tomó una decisión que sonaba imposible para un niño: se prometió a sí mismo convertirse en el mejor futbolista que Bélgica hubiera visto jamás. Debutó profesionalmente con el Anderlecht a los 16 años y 11 días, y desde entonces no dejó de escalar.

Hoy es el máximo goleador histórico de la selección belga, con 89 goles a su nombre, muy por encima de cualquier otro jugador del país. Ha disputado los Mundiales de 2014, 2018 y 2022, y llegó también a la cita de 2026 pese a una lesión muscular. Cada gol que anota lleva, todavía, el peso de aquella leche aguada que su madre servía para que la semana rindiera un poco más.
