Ronald Cyr tenía 65 años y vivía solo en Van Buren, un pueblo de Maine pegado a la frontera con Canadá.

Por razones que nunca quedaron claras, había instalado un arma de fuego oculta en la puerta principal de su casa, programada para disparar contra quien entrara sin permiso. La noche de Acción de Gracias de 2019, esa puerta se abrió y el disparo salió. Fue el propio Cyr quien marcó al 911 para decir que le habían disparado, sin saber —o sin poder explicar— que el arma era suya.

Cuando la policía de Van Buren llegó, con apoyo de la Patrulla Fronteriza, encontraron algo que los obligó a llamar al escuadrón antibombas de la Policía Estatal de Maine: había más dispositivos trampa escondidos en la vivienda. La investigación concluyó que Cyr murió al activar accidentalmente su propio mecanismo de defensa, la misma noche en que su familia probablemente lo esperaba en otra mesa.

