Ryan Hart tiene 14 años y solo quería terminar su sándwich de roast beef en un Arby’s de Jackson, Michigan.

Al morder algo duro y gomoso, lo escupió. Lo que vio lo dejó helado: un pedazo de dedo humano, de casi un centímetro de espesor y más de dos centímetros de largo. Minutos antes, una empleada se había cortado con la rebanadora de carne, había dejado su puesto sin avisar a nadie, y sus compañeros siguieron armando pedidos sin saber que un trozo de su dedo circulaba entre la comida.

Su madre llamó al 911 y lo llevó a hacerse análisis de sangre; le recetaron medicación como precaución, aunque él dijo sentirse bien. Arby’s pidió disculpas, cerró la producción de alimentos y desinfectó todo el local. Y aunque suene imposible, no es la primera vez: casos similares ya se dieron en una cadena TGI Friday’s en 2006 y en una tienda de yogur helado en 2005.

