Lo más irónico es que intentó evitar exactamente el tipo de accidente que terminó sufriendo.
Ryan Reynolds tenía 18 años cuando salió de un bar en Vancouver después de tomar una cerveza. Como no quería manejar después de beber, decidió dejar el auto y volver caminando.
No alcanzó a llegar muy lejos.
Mientras avanzaba por la calle, un conductor ebrio lo atropelló. El impacto fue tan fuerte que, según contó años después, se rompió todos los huesos del lado izquierdo del cuerpo y tuvo que pasar cerca de cuatro semanas hospitalizado.

Reynolds recordó el episodio al hablar de las decisiones que pueden cambiar una vida en segundos. En su caso, él había optado por no ponerse al volante, pero terminó pagando las consecuencias de que otra persona sí lo hiciera.
Durante años casi no habló públicamente del accidente, pero al recordarlo fue directo sobre lo brutal que resultó: “Me rompí todos los huesos del lado izquierdo”.
Tomó una decisión responsable para no poner a nadie en riesgo y terminó comprobando, de la peor manera, que basta con que otra persona no haga lo mismo.
