Nadie en esa sala lo sabía. En septiembre de 2018, Chadwick Boseman entró al Hospital Infantil St. Jude en Memphis, Tennessee, vestido de esperanza para decenas de niños con cáncer. Repartió juguetes, hizo bromas, escuchó historias. Los pequeños veían a un Avenger. Nadie imaginaba que el hombre frente a ellos llevaba dos años librando la misma guerra que ellos, en absoluto silencio.

Boseman había sido diagnosticado con cáncer de colon en 2016 y jamás lo hizo público. Meses antes de esa visita, en una entrevista con SiriusXM, se quebró al contar que dos niños con enfermedades terminales murieron esperando ver “Black Panther” en la pantalla grande. Los llevaba en el corazón cuando cruzó las puertas de St. Jude.

Murió el 28 de agosto de 2020, a los 43 años, rodeado de su familia en Los Ángeles, tras cuatro años de resistir sin que el mundo lo supiera. El hospital lo despidió con una frase que hoy duele distinto: trajo alegría, coraje e inspiración, sin decir jamás que él también necesitaba ese mismo valor.

